Salgo del trabajo a eso de las diez de la noche, y me dirijo a Polo y Peyrolón, dirección del Black Note, único local que mantiene una jam de blues con regularidad en la ciudad de Valencia. Sin embargo, por esta vez no voy a una jam, sino a un concierto de los Nasty Boogie -ya sabéis, Raúl Rabadán y Dani Tena-.
Lo cierto es que estoy algo cansado de trabajar, y me cuesta esfuerzos sobrehumanos conducir hasta el local, pero por lo que sea -puede que por instinto- consigo llegar de una pieza.
El ambiente es agradable, no mucha gente y camareras que están tremendas. Bueno, ya sólo por esto último hubiera valido la pena el viaje.
Pido algo y me entero cómo se plantea la noche. La formación será la siguiente: guitarra, armónica y voz, contrabajo y batería. Desde luego, promete.¿Debo explicar por qué promete? Bueno, si no hay más remedio lo haré:
Quienes hayan seguido a Nasty Boogie -y quienes no que se informen ahora- sabrán que el estilo de ellos es el del blues ortodoxo, libre de mariconadas, añadiéndole el toque personal de cada uno. En cuanto a la técnica, Raúl y Dani han tocado mucho juntos, en cantidad de locales y supongo que en cantidad de situaciones, el resultado de esto es que han conseguido una coordinación realmente buena.
Con estos antecedentes, ni que decir tiene que ver a esta pareja tocar con una formación completa puede ser un grato espectáculo.
A eso de las doce me pido una cerveza, busco mi rinconcito en el que acodarme y espero pasar un buen rato. Empiezan a tocar un instrumental con aire movidito, y ya desde un comienzo se nota que están en plena forma, no han necesitado ni siquiera calentar.
Van desgranando uno a uno versiones y temas propios: Blues de Chicago, bastantes shuffles, con algo de jump blues, e incluso una versión del tema “Thirty Days”.
La guitarra suena limpia cuando tiene que sonar limpia, la armónica suena cerda cuando tiene que sonar cerda... El contrabajo y la batería sirven de reclamo gutural para ese pequeño senegalés que todos llevamos dentro.
Más allá de la corrección de formas, que podría no ser en el blues lo más importante, “Nasty Boogie” te transmite un feeling, que resulta fuera de lo común a nivel nacional. Quizás tan sólo comparable a un par de bandas (de las que no daré los nombres porque no quiero).
Termino una copa, y me marcho en el intermedio: Mañana hay que trabajar. Camino a casa me pongo a Snooky en mi Ford Escort de mierda. Y sé que la relación no salta a la vista, pero los blues de Nasty Boogie tienen mucho que ver con gente como el maestro Snooky. Con gente, en definitiva, que es original.
En fin, qué más puedo añadir... Si Nasty Boogie ya han dado que hablar, en un futuro próximo se va ha hablar de ellos bastante más, mantengan la formación que mantengan.
Si tenéis la oportunidad ¡ID a un BOLO de ellos!. Os aseguro que vale la pena. En mi opinión, claro.
Daniel Molina
(foto: Daniel Molina)